Estoy cansado. Ahora mismo me acostaría en la cama, encendería el televisor y pasaría las horas muertas visionando deportes olímpicos a los que no prestaría caso en cualquier otra cita deportiva. Lucha grecorromana, halterofilia, hockey o natación sincronizada. Es curioso como hablamos y entendemos ahora las bases de la esgrima, conociendo perfectamente cuando el adversario ha sido tocado y como funciona el sistema eléctrico que transmite los golpes. Hasta comentamos sin rubor la buena competición que ha hecho el etíope Kenenisa Bekele, la perfección del gimnasta Li Xiaopeng o lo decepcionados que nos quedamos con,mmmm los españoles. Esos que fueron maravillosos hace cuatro años y ahora resultan unos fracasados inmerecedores de hacerme perder el tiempo frente al televisor.
En fín, que estoy cansado aunque no por las olimpiadas. Anoche fui al concierto de Miguel Bosé y fue más divertido de lo que imaginaba. Y es que he de reconcerlo. Todos hemos tarareado y baliado alguna de sus canciones, desde la época de Don Diablo a los experimentos electrónicos de su última etapa. Aquello fue una sucesión majestuosa de éxitos tras éxitos, coreados por una legión de seguidores a los que no termino de acostumbrarme. Estaban segregados por sectores. A la punta de alante, los que compraron el recopilatorio y que conocen las canciones por que han sido machacadas en todas las radiofórmulas. Aquellos que saben más que nadie y que aprovechaban para hablar entre ellos cuando los alocados esgrimían una lagrimita con temas más viejunos como Si tu no vuelves. Pero el clamor general se disparaba con aquellas canciones que tanto criticábamos en su momento por, digamos, no estar preparados mentalmente para asimilar sin que nuestra hombría se pusiera en tela de juicio. Explosión de júbilo en Sevilla, locura colectiva con amante bandido y demás.
Yo, por mi parte, disfrutaba de mi concierto particular. Allí, rodeado de veinte mil personas y sintiéndome en la intimidad más absoluta por compartir ese instante con quien realmente disfrutaba del momento. Canciones personalizadas para nosotros. Todos se pueden sentir identificados con una u otra pero, en aquellos momentos, era como si papito nos susurrara al oído algo así como: "éste y no otro es tu momento. Disfrútalo y compártelo ya que tienes suerte de estar ahí". Sólo por eso ha valido la pena. Y si analizamos efectos de vídeo, sonido, producción y organización, pues...nada que objetar cuando tienes ante ti una muestra de que, cuando hay interés recoges resultados satisfactorios.
De ahí a cenar un poquito y a sonreír con lo vivido. Te doy las gracias por acompañarte.
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"éste y no otro es tu momento. Disfrútalo y compártelo ya que tienes suerte de estar ahí". Sólo por eso ha valido la pena
Me quedo con eso, tall vez hoy te sientas exhausto...pero sin duda ha valido la pena, verdad?
Me encanta , escuchar a migel bose , me trae muy buenos recuerdos, que me hacen soñar muy dentro de mi. un saludo.y recuerda sonreir.